viernes, 19 de octubre de 2018

La importancia de la Filosofía (entrevista en "24 Horas", RNE)

Os paso el enlace a mi intervención en la tertulia del informativo "24 horas" de RNE el pasado 18 de octubre de 2018, con motivo de la reciente decisión parlamentaria de solicitar la vuelta a la obligatoriedad de las materias de Ética en 4º de ESO y de Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato. .

miércoles, 25 de julio de 2018

"Errar es de ángeles", mi nueva novela, finalista del premio Fernando Lara 2018

Os dejo el anuncio de mi nueva novela, Errar es de ángeles, que terminé a principios de este año, y que ha sido elegida finalista del premio de novela Fernando Lara 2018 (Grupo Planeta), fallado el pasado 4 de mayo.
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De la descripción del libro en Amazon:
En un hospital penitenciario de los Estados Unidos, un enigmático prisionero recibe la visita de una psiquiatra del Pentágono. ¿Qué misterios guarda el agente Raphael Hernandez sobre su última y fallida misión, en la que se infiltró en una extraña secta islámica? Las entrevistas de la doctora Barberini y el agente Hernandez van mezclándose con dos historias que transcurren en la antigua Híspalis, en donde asistiremos al martirio de dos jóvenes cristianas en el siglo III (Justa y Rufina), y a las andanzas de un joven esclavo, Reparato, y de Rebeca, la hija de su amo hebreo, en la época del gran erudito San Isidoro, tres centurias y media más tarde. Un equipo formado por tres ángeles, con una transcendental misión en la Tierra, se encargarán de ir enlazando poco a poco las tres distintas tramas, cuya resolución te empujará de sorpresa en sorpresa, hasta un futuro muy lejano.
***** Una obra maestra de arquitectura narrativa
***** Una extraordinaria mezcla de géneros: aventura, histórico, ciencia-ficción
***** Una experiencia literaria difícil de igualar.
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Reseña en "El marcapáginas" (Biblioteca UNED).
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Reseña en Filosofía&Co.
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viernes, 15 de junio de 2018

domingo, 19 de noviembre de 2017

Lo malo de morirse

Lo malo de morirse -aparte, por supuesto, del dolor de los familiares, que es lo más importante, y del sufrimiento previo que casi todas las muertes suelen conllevar- es no enterarse de nada de lo que va a ocurrir después. Esto no hay dios que lo remedie, así que se me ha ocurrido algo para, cuando menos, mitigar la rabia que me da esa ignorancia.
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Es un proyecto a larguísimo plazo, y como tal, de muy incierto cumplimiento, pero no por ello me voy a echar para atrás. ¿Quién dijo miedo? El juego durará, como mucho, lo que dure la tecnología que lo soporte, salvo que alguna persona solidaria lo renueve del modo que entonces sea oportuno: vayan mis más profundos agradecimientos hacia ella desde este humilde diecinueve de noviembre de 2017.
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Se trata simplemente de que en los comentarios a esta entrada del blog alguien me cuente, cada veinticinco años, las principales novedades que hayan ocurrido en el cuarto de siglo anterior. Puede hacerlo cualquiera; esto es, cualquier persona que se encuentre con el blog y decida contármelo. ¿Por qué cada veinticinco años? Solo porque es una fracción entera de un siglo, lo bastante larga como para que hayan ocurrido algunos cambios sustanciales en los asuntos que más me interesan (o que los futuros colaboradores piensen que me habrían interesado), pero no tan larga como para hacer casi imposible la continuidad de esa imaginaria comunidad de colaboradores.
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Los temas que me atraen, ya sabéis que son de lo más variopinto: qué novedades han ocurrido en la política, en la ciencia, en la filosofía, en la investigación histórica, arqueológica y filológica, en qué se diferencia el cine, la literatura, la música o las artes en general con respecto a lo que se apuntó en ocasiones anteriores, qué desarrollos tecnológicos han cambiado más la sociedad, cómo va la salud del medioambiente, qué hay de la exploración espacial, etc., etc.
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Me consta que un problema técnico difícil (aunque no más que el mantener una cadena de personas que se encargue de esto, o el de la obsolescencia de los soportes informáticos necesarios para el proyecto) es, naturalmente, el que se deriva de que a día de hoy, por suerte, no sabemos aún la fecha en la que moriré. Ahora me falta poco para cumplir los 54, así que, si fijamos esta fecha como inicio del proyecto, tengo razonables esperanzas de ser yo mismo quien escriba algunos de los comentarios dentro de 25 años, el 19 de noviembre de 2042. Confío en que alguien pueda empezar a llevar la cuenta en el momento en que llegue el día.
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Saludos a todos y a todas desde un pasado que ojalá no echéis demasiado de menos.

domingo, 8 de octubre de 2017

Algunos pensamientos sobre el problema catalán

1. En los estados democráticos, no existe el derecho de un territorio (o de la sociedad que lo habita) a separarse del estado al que pertenece. Existe, como máximo, el derecho del estado a conceder a uno de sus territorios el derecho a decidir si quiere separarse. Las constituciones de muchos estados democráticos no reconocen al propio estado ese derecho, aunque en general podrían ser enmendadas o reformadas para reconocerlo. Pero, insisto, en ningún caso hay algo así en la legislación internacional como "el derecho de un territorio a separarse unilateralmente del estado (democrático) al que pertenece". Proclamas como la reciente de Artur Mas, diciendo que "nos hemos ganado el derecho a ser independientes", sólo tienen contenido emocional para quien quiera compartir esas emociones, o para quien pueda encontrar en ellas a un aliado en sus propias batallitas mentales, pero carecen absolutamente de la más mínima validez ni fundamentación jurídica.
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2. Plantear la lucha de los secesionistas catalanes por la independencia como un ejemplo o continuación de pasadas o no tan pasadas "luchas por la libertad" (la liberación de las colonias, de los esclavos, de las mujeres, de las ex-repúblicas soviéticas, de los judíos, de los palestinos, de los homosexuales, etc.) es, en el mejor de los casos, un chiste de mal gusto. Ver en la sociedad catalana de hoy en día a un "pueblo oprimido" solo es posible desde una mentalidad absolutamente alejada de cualquier principio de realismo. No solo comparten los catalanes los mismos derechos civiles y políticos que cualquier habitante de cualquier región de cualquier país de la Unión Europea o de otros estados, sino que gozan de una cuota de autogobierno muy superior a la de la inmensa mayoría de las regiones de esos estados; tanto, que si Cataluña fuese ahora, por ejemplo, un departamento de Francia, el movimiento independentista se daría con un canto en los dientes por conseguir que el estado francés les concediera una cuarta parte de la autonomía que tienen en España. El control del gobierno autonómico catalán sobre todo aquello que tiene que ver con la "defensa de la identidad catalana" lleva siendo casi absoluto desde las primeras elecciones autonómicas hace ya casi cuatro décadas. El secesionismo es, además, claramente predominante entre las clases sociales más privilegiadas de Cataluña, las que no han tenido ningún problema en disponer de recursos públicos y privados para organizar su vida y la de la sociedad como les ha parecido mejor. Si gente como los Pujol, los Sala-i-Martín o los Llach representan a un grupo social "oprimido", yo soy Cleopatra y Marco Antonio juntos.
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3. A pesar de lo dicho en los puntos 1 y 2, es posible y deseable, por supuesto, una salida dialogada a la situación de tensión provocada por los recientes desafíos de los secesionistas. Pero tiene que estar meridianamente claro que "salida dialogada" no tiene por qué significar "una forma consensuada con el estado de organizar un referéndum de autodeterminación" (aunque, por poder, eso podría estar entre los posibles acuerdos; sólo digo que no hay que asumir que necesariamente tendría que estarlo). El diálogo también tendría que poder servir para que los dirigentes secesionistas se vean incentivados a encontrar fórmulas mediante las que rebajar la tensión social que han alimentado y de la que se han aprovechado políticamente en los últimos años. También deberían asumir que la "negociación" podría incluir, no la cesión de aún más autonomía, sino quizá la devolución de algunas competencias al estado central, o la reorganización consensuada con el estado de algunos aspectos del ordenamiento jurídico catalán. O, lo que sería más razonable, un intercambio de "gestos" en ambas direcciones. En especial, el estado debería exigir que los elementos de autogobierno que se conceden a Cataluña no sean deslealmente utilizados en el futuro para seguir alimentando la fiebre independentista.
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4. En particular, el estado debería hacer valer el hecho de que una Cataluña independiente con más o menos la mitad de su población contraria a esa independencia se enfrentaría a un problema interno muchísimo más grave que lo grave que puede ser para España la existencia de una ligera mayoría independentista en Cataluña. En el hipotético caso de que se llegase a negociar la celebración de un referéndum de autodeterminación, ni las preguntas a formular, ni las condiciones en las que el resultado del referéndum legitimase la independencia, habría que dejar que las decidieran unilateralmente los secesionistas. Por ejemplo, para que el resultado fuese válido se debería establecer una participación mínima muy alta (no menor de tres cuartos del censo), una mayoría reforzada para cambiar el statu quo (sutancialmente mayor  que un mero 50% de votos favorables a la independencia; cuánto de mayor, ya se vería), y la posibilidad de que territorios catalanes claramente contrarios a la independencia pudieran seguir formando parte del estado español.
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5. Y a todo esto, un aplauso desde aquí a Josep Borrell. Qué gran presidente del gobierno perdimos la ocasión de tener por la cortedad de miras de tanta gente de su partido.

miércoles, 24 de mayo de 2017

ALÉTHEIA: La historia de la verdad

Hace más o menos cinco mil años, o sea, cuando faltaba tanto tiempo para que naciera el filósofo Parménides como tiempo ha pasado desde entonces, vivían los "griegos" como un pueblo de pastores al norte de la cordillera de los Balcanes. No sólo no se les pasaba por la cabeza que algún día sus descendientes darían origen a una maravillosa civilización en las costas del mar Egeo, sino que ni siquiera habían oído hablar de las tierras que luego se llamarían la Hélade. Agamenón, Ulises, Herodoto, Aristóteles, Arquímedes, Cleopatra, Luciano e Hipatia no eran ni tan siquiera un sueño.
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La historia que voy a contaros es la de un chaval, Protómaco, que vivía en una de aquellas aldeas montañosas cuidando un rebaño de cabras. La verdad es que Protómaco pasaba gran parte del tiempo lejos de la aldea, en un pequeño valle donde dejaba ramonear a sus cabras todo el día, antes de encerrarlas en un redil de piedras e irse a descansar él mismo en una diminuta y basta choza, cuya entrada cubría una cortina de lana, deslucida y raída, pero que proporcionaba la suficiente intimidad para que nadie pudiese ver desde el exterior las prácticas a las que el hiperhormonado adolescente sometía cada dos por tres a alguna de sus cabras.
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Un día, el viejo Tiresias, el cotilla oficial de la tribu, andaba deambulando por las montañas, meditando en sus cosas, o sea, en las de todos y cada uno de los habitantes de la aldea y de las cuatro o cinco aldeas más próximas, cuando escuchó un balido un poco extraño procedente de la cabaña de Protómaco. Pensando que quizá el chico necesitase ayuda para asistir al parto de un cabritillo, o algo así, Tiresias se llegó a la cabaña, descubrió la cortina, y se encontró al chaval con la túnica levantada y en muy comprometida posición tras la grupa de una preciosa y nívea cabrita, que lanzaba de vez en cuando alguno de aquellos extraños balidos que habían llamado la atención del anciano.
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Tiresias volvió a cerrar la cortina sin tiempo para que Protómaco le explicase nada y salió pitando de allí. El chico, abochornado, tardó unos cuantos días en atreverse a volver a bajar a la aldea, pero cuando lo hizo, comprobó que allí no se hablaba de otra cosa que de su aventura caprina. Quíone, su madre, fue lo primero a lo que se refirió en cuanto lo encontró, bromeando con unos cuantos amigotes en el ágora del poblado:
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-¿Es verdad lo que va contando Tiresias por ahí? ¿Es verdad que te ha descubierto? -le preguntó sin disimular ni un ápice su enfado.
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Lo de "¿es verdad?" lo dijo como lo decían los griegos de entonces: "¿ésti órthos?", o sea, digamos, algo así como "es recto", o "es correcto". Una expresión, "órthos", emparentada con la palabra "rásti" (que también significa "recto") que se usa para decir "verdad" en algunas lenguas iranias, tan indoeuropeas como el griego.
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La respuesta de Protómaco, envalentonado por la presencia de sus amigotes, a los que la historia de las cabras no dejaba de darles un puntito de envidia, causó gran hilaridad entre la muchachada.
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-No es verdad, es descubierto -contestó, e intentando hacerse oír sobre las risas de sus amigos, que con aquella aclaración se reían aún más, continuó-: Tiresias descubrió lo que descubrió al retirar la cortina que me cubría. Eso dice él, pero a saber lo que vio.
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"Descubierto" era, en la lengua de aquellos proto-griegos, "alethés" (de "léthein", o sea, "cubrir"). En fin, la cosa no pasó de ahí, aunque a Quíone no le hizo ninguna gracia la broma de su hijo y se encargó de manifestar su mal humor durante mucho tiempo, cada vez que lo volvía a ver. La única consecuencia importante que tuvo aquella anécdota fue un minúsculo cambio en la forma de hablar de los amigotes de Protómaco. Cada vez que tenían que emplear la palabra "verdadero" o "verdad", en vez del "órthos" de toda la vida, decían "alethés", y se partían de risa, imaginándose a Tiresias descorriendo la cortina y encontrando al otro lado la escena del chico y la cabra.
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Tanto fue el éxito de aquella broma, que al cabo de unos años casi nadie en la aldea utilizaba la expresión "órthos" para decir que algo es verdadero (aunque seguían haciéndolo para indicar que algo, como una rama o un camino, era recto). Las risas que acompañaban al uso de la nueva expresión fueron haciéndose cada vez menos intensas, y al final los amigos de Protómaco, en su vejez, únicamente sonreían un poco al decirla, o guiñaban un ojo. Los hijos y los nietos de estos ancianos, a los que nunca nadie les había contado por qué para decir que lo que alguien estaba contando era verdad se decía que era "alethés", y a para decir que uno tiene que contar la verdad se decía la "alethéia", esos nuevos griegos simplemente adoptaron el uso de la expresión sin cuestionárselo, aunque un poco extrañados porque sus mayores pusieran esa cara de misterio al usarlo. Aquello contribuyó a que los descendientes de Protómaco y sus amigos considerasen la verdad (o sea, la "alethéia") como algo todavía más importante que como la consideraban antes del episodio erótico-caprino.
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¿Y qué pasó con nuestro amigo el joven zoófilo? Lo cierto (lo "alethés") es que le costó encontrar pareja (quiero decir, pareja humana), pues las chicas de la aldea se lo pensaban mucho antes de dejar que aquel miembro viril acostrumbrado a otro tipo de orificios penetrase en los suyos, pero al final la tentación de los rebaños de Protómaco fue un argumento insuperable para que alguna familia decidiera unirse a la del chico, y formó un matrimonio feliz que tuvo muchos hijos, a los que, en honor de la fuente de riqueza de aquel clan, terminaron llamando "los Corintios", o sea, "los de las cabras", pues "koré" es como llamaban los griegos a aquella especie de artiodácticos.