lunes, 22 de febrero de 2016

¿Es necesario acabar con las "creencias erróneas"?

De un comentario mío en el blog "Evolución y Neurociencias":
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¿Es bueno que la gente deje de tener "creencias erróneas"? Cada vez soy más escéptico sobre este axioma de la "neoilustración", y llevo muchos años siéndolo. El hecho de que el progreso social dependa en buena medida (aunque no únicamente, ni quizá principalmente, y seguro que no linealmente) del progreso científico y tecnológico no implica que para ayudar al progreso sea necesario que toda la población, ni siquiera la mayor parte, posea un nivel significativo de "cultura científica". Los beneficios sociales de la ciencia no nos llegan a través de un mecanismo en el que un "elevado nivel de cultura científica de la población en general" sea un elemento con gran importancia causal. Es mucho más importante que algunas instituciones en particular (la universidad, la empresa, la administración...) estén abiertas a la innovación y a la exploración interesada o desinteresada. Y en todo caso, será conveniente establecer mecanismos (si se ve que son necesarios) para que las "creencias pseudocientíficas o anticientíficas" de una gran parte de la población no tengan efectos sociales nocivos.

2 comentarios:

  1. Es deseable. Pero si sus consecuencias son inocuas para la integridad física y mental de las personas, hay que limitarse a razonarle a la gente que la están engañando sin necesidad de tener que prohibirlas. Luego... allá ellos. Conforme voy cumpliendo años me doy cuenta que hay mucha, muchísima gente, a lo que no solo no le le importuna que le tomen el pelo, sino que incluso le GUSTA que le tomen el pelo. Necesitan que los engañen para que el estado emocional con el que se han acostumbrado a vivir desde pequeñitos -ratones Perez, Santa Claus, Frozen's, Cristianos Ronaldos y demás...- no salte hecho añicos por los aires. ;-)

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  2. La gente siempre ha tenido y tendrá creencias erróneas, y la ciencia y la técnica han progresado, luego es verdad que no importa, o eso parece.

    El problema es que en estos tiempos democráticos es difícil que esas "instituciones" conserven la independencia, el prestigio y la influencia. Un partido muy de moda, en los tiempos en que era asambleario y circular (ahora es autocrático), coló en sus programas muchas medidas anticientíficas y tecnófobas. Y a la inversa, las cátedras de homeopatía se cuelan en las universidades cada vez más. Por eso, aunque esté condenado al fracaso, el intento de ilustrar a la población no es ocioso. Algo quedará.

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