domingo, 8 de octubre de 2017

Algunos pensamientos sobre el problema catalán

1. En los estados democráticos, no existe el derecho de un territorio (o de la sociedad que lo habita) a separarse del estado al que pertenece. Existe, como máximo, el derecho del estado a conceder a uno de sus territorios el derecho a decidir si quiere separarse. Las constituciones de muchos estados democráticos no reconocen al propio estado ese derecho, aunque en general podrían ser enmendadas o reformadas para reconocerlo. Pero, insisto, en ningún caso hay algo así en la legislación internacional como "el derecho de un territorio a separarse unilateralmente del estado (democrático) al que pertenece". Proclamas como la reciente de Artur Mas, diciendo que "nos hemos ganado el derecho a ser independientes", sólo tienen contenido emocional para quien quiera compartir esas emociones, o para quien pueda encontrar en ellas a un aliado en sus propias batallitas mentales, pero carecen absolutamente de la más mínima validez ni fundamentación jurídica.
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2. Plantear la lucha de los secesionistas catalanes por la independencia como un ejemplo o continuación de pasadas o no tan pasadas "luchas por la libertad" (la liberación de las colonias, de los esclavos, de las mujeres, de las ex-repúblicas soviéticas, de los judíos, de los palestinos, de los homosexuales, etc.) es, en el mejor de los casos, un chiste de mal gusto. Ver en la sociedad catalana de hoy en día a un "pueblo oprimido" solo es posible desde una mentalidad absolutamente alejada de cualquier principio de realismo. No solo comparten los catalanes los mismos derechos civiles y políticos que cualquier habitante de cualquier región de cualquier país de la Unión Europea o de otros estados, sino que gozan de una cuota de autogobierno muy superior a la de la inmensa mayoría de las regiones de esos estados; tanto, que si Cataluña fuese ahora, por ejemplo, un departamento de Francia, el movimiento independentista se daría con un canto en los dientes por conseguir que el estado francés les concediera una cuarta parte de la autonomía que tienen en España. El control del gobierno autonómico catalán sobre todo aquello que tiene que ver con la "defensa de la identidad catalana" lleva siendo casi absoluto desde las primeras elecciones autonómicas hace ya casi cuatro décadas. El secesionismo es, además, claramente predominante entre las clases sociales más privilegiadas de Cataluña, las que no han tenido ningún problema en disponer de recursos públicos y privados para organizar su vida y la de la sociedad como les ha parecido mejor. Si gente como los Pujol, los Sala-i-Martín o los Llach representan a un grupo social "oprimido", yo soy Cleopatra y Marco Antonio juntos.
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3. A pesar de lo dicho en los puntos 1 y 2, es posible y deseable, por supuesto, una salida dialogada a la situación de tensión provocada por los recientes desafíos de los secesionistas. Pero tiene que estar meridianamente claro que "salida dialogada" no tiene por qué significar "una forma consensuada con el estado de organizar un referéndum de autodeterminación" (aunque, por poder, eso podría estar entre los posibles acuerdos; sólo digo que no hay que asumir que necesariamente tendría que estarlo). El diálogo también tendría que poder servir para que los dirigentes secesionistas se vean incentivados a encontrar fórmulas mediante las que rebajar la tensión social que han alimentado y de la que se han aprovechado políticamente en los últimos años. También deberían asumir que la "negociación" podría incluir, no la cesión de aún más autonomía, sino quizá la devolución de algunas competencias al estado central, o la reorganización consensuada con el estado de algunos aspectos del ordenamiento jurídico catalán. O, lo que sería más razonable, un intercambio de "gestos" en ambas direcciones. En especial, el estado debería exigir que los elementos de autogobierno que se conceden a Cataluña no sean deslealmente utilizados en el futuro para seguir alimentando la fiebre independentista.
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4. En particular, el estado debería hacer valer el hecho de que una Cataluña independiente con más o menos la mitad de su población contraria a esa independencia se enfrentaría a un problema interno muchísimo más grave que lo grave que puede ser para España la existencia de una ligera mayoría independentista en Cataluña. En el hipotético caso de que se llegase a negociar la celebración de un referéndum de autodeterminación, ni las preguntas a formular, ni las condiciones en las que el resultado del referéndum legitimase la independencia, habría que dejar que las decidieran unilateralmente los secesionistas. Por ejemplo, para que el resultado fuese válido se debería establecer una participación mínima muy alta (no menor de tres cuartos del censo), una mayoría reforzada para cambiar el statu quo (sutancialmente mayor  que un mero 50% de votos favorables a la independencia; cuánto de mayor, ya se vería), y la posibilidad de que territorios catalanes claramente contrarios a la independencia pudieran seguir formando parte del estado español.
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5. Y a todo esto, un aplauso desde aquí a Josep Borrell. Qué gran presidente del gobierno perdimos la ocasión de tener por la cortedad de miras de tanta gente de su partido.

4 comentarios:

  1. Todo lo escrito en la luz me parece perfectamente razonable. Mucho me temo que no son las razones, sino las emociones (y no las mejores ni las más dignas y humanistas) las que asignan un valor a las actividades ilegales e irresponsables de los secesionistas, muchos de los cuales medran, además, subvencionados por ello.

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  2. RESUMEN:

    1-La ley es la ley
    2-Los catalanes deberían conformarse
    3-La Generalitat debería cambiar sus expectativas para que se produzca un diálogo.
    4-Empiezo a defender un referendum con garantías.
    5-Viva Felipe Gonzalez

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  3. Gracias por tu comentario, David.
    Te resumo yo tu opinión: "España es un estado opresor que lleva desde 1981 reprimiendo a los ciudadanos catalanes, y no será democrática ninguna ley aprobada por el pueblo español si a mí no me sale de los cojones".
    Por cierto, no sé qué tiene que ver Felipe González con el asunto, aunque tienes razón en que, en mi opinión, su mandato (lo único por lo que lo valoro) estuvo bastante por encima que los de los demás.
    En lo que te equivocas hasta la médula es en el punto 4: siempre me ha parecido razonable que pudiera existir la opción de organizar un referéndum de autodeterminación pactado entre los gobiernos catalán y español, aunque quizá entendamos cosas distintas por "pactado" (lo que yo NO entiendo por "pactado" es "que el estado nos deje hacerlo en las condiciones y con las preguntas que a nosotros nos salgan de las narices").
    Un saludo

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  4. Muy buenas señor Zamora.

    Leyendo uno de sus libros "Sacando consecuencias", supe que estaba ante un autor amante de la reflexión y de la verdad, por lo que me sorprende la ligereza con que tracta el "problema" catalán". Se ha preguntado si quizás se trate (también) de un "problema espanyol"? En su comentario da muchas cosas por supestas, como que el ser catalán independentista atañe sólo a una emoción. Ya sabe que, cualquier actitud, comportamiento y decisión humana se compone de razón y emoción, no hay lo uno sin lo otro.
    Es fácil dar una opinión del catalanismo sin intentar sumergirse en la piel del otro y, sobretodo sin tener en cuenta la historia, la economia, la sociedad, la cultura, la geografia, la lengua y un largo etcétera. Sólo como muestra le haré una pequeña observación: usted dice que "El secesionismo es, además, claramente predominante entre las clases sociales más privilegiadas de Cataluña", pues bien, esto es ahora. Siempre ha existido el independentismo en Catalunya, lo que antes, era sobretodo patrimonio de las izquierdas y ahora se les ha antojado a las clases privilegiadas liderar el movimiento, com lo cual somos muchos los que tenemos que lidiar con dos frentes, el de los nacionalismos propios y de los macro estados decimonónicos y con el capitalismo salvaje.
    O sea, las cosas no són ni simples ni fáciles.
    Por otra parte somos muchos también quienes reclamamos un referendum, una consulta al pueblo, pedir a la gente que opine. Parece mentira que una fórmula tan sencilla, uno de los mejores legados de la romanización, todavía asuste tanto (porque si no responde al miedo no sé en que puede ser pernicioso). Las leyes y las normas deben servir a la sociedad, nunca deben impedir el ejercicio de la libre expresión. El sacralizarlo todo, monarquía, iglesia, poder militar, unidad nacional y hasta las constituciones, sólo lleva al immobilismo, nunca al progreso social.
    Sólo una última observación. Yo (como usted, supongo) amo mi lengua materna, mi vínculo particular con el mundo que me rodea y, sin embargo, domino también el castellano, porque así lo marca mi condicions de española, lo cual no me sabe mal en absoluto. Mi pregunta es: Si yo soy española, lo debe ser mi lengua también, ¿no? ¿Por qué, entonces, el Estado Español no lo considera así? ¿Por qué fuera de Catalunya no se enseñan las otras lenguas del Estado? Ni que sea por respeto y amor a lo propio. Es una pregunta que siempre me hago.
    Sólo se que si yo hubiera hecho este escrito en catalán habrían sido muchos los que me habrían tachado de mal educada y desconsiderada. ¿No es esto ánimo de dominio, verdad?
    Nada más. Un cordial saludo.

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