jueves, 25 de julio de 2019

¿Surgió el estado español -o la nación española- en tiempos de los visigodos? Sobre la confusión acerca de la "Laus Hispaniae" de Isidoro de Híspalis.

Anoche en twitter me tocó desfacer un entuerto bastante repetido entre los nacionalistas españoles (muchos de ellos con bandera "liberal"): el de que la "unidad de España" (¿de la nación española?, ¿del pueblo español?, ¿del estado español?) surge con el reino visigodo, y que la famosísima "Laus Hispaniae" del bueno de Isidoro de Híspalis (aka san Isidoro de Sevilla, secundario de lujo en Errar es de ángeles) demostraría la existencia de la nación española, allá por los comienzos del siglo VII (año 600 y poco), un siglo antes de la invasión musulmana.

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Copio debajo la famosa Laus en su versión latina original, y a continuación su traducción al castellano, y después os comento unas cosillas.
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LAUS HISPANIAE
1. Omnium terrarum, quaeque sunt ab occiduo usque ad Indos, pulcherrima es, o sacra, semperque felix principum, gentiumque mater Hispania. Jure tu nunc omnium regina provinciarum, a qua non Occasus tantum, sed etiam Oriens lumina mutuat. Tu decus, atque ornamentum orbis, illustrior portio terrae: in qua gaudet multum ac largiter floret Geticae gentis gloriosa fecunditas.
2. Merito te omnium ubertate gignentium indulgentior natura ditavit. Tu baccis opima, vis proflua, messibus laeta, segete vestiris, oleis inumbraris, vite praetexeris. Tu florulenta campis, montibus frondua, piscosa littoribus. Tu sub mundi plaga gratissima sita, nec aestivo solis ardore torreris, nec glaciali rigore tabescis, sed temperata coeli zona praecincta, zephyris felicibus enutriris. Quidquid enim arva fecundum, quidquid metalla pretiosum, quidquid animantia pulchrum et utile ferunt parturis. Nec illis amnibus posthabenda, quos clara speciosorum gregum fama nobilitat.
3. Tibi cedet Alphaeus equis, Clitumnus armentis, quanquam volucres per spatia quadrigas olympicis sacer palmis Alpheus exerceat, et ingentes Clitumnus juvencos capitolinis olim immolaverit victimis. Tu nec Etruriae saltus uberior pabulorum requiris, nec lucos Molorchi palmarum plena miraris, nec equorum cursu tuorum eleis curribus invidebis. Tu superfusis fecunda fluminibus, tu aurifluis fulva torrentibus. Tibi fons equi genitor. Tibi vellera indigenis fucata conchyliis ad rubores tyrios inardescunt. Tibi fulgurans inter obscura penitorum montium lapis jubare contiguo vicini solis accenditur.
4. Alumnis igitur, et gemmis dives et purpuris, rectoribus pariter et dotibus imperiorum fertilis, sic opulenta es principibus ornandis, ut beata pariendis. Jure itaque te jam pridem aurea Roma caput gentium concupivit, et licet te sibimet eadem Romulea virtus primum victrix spoponderit, denuo tamen Gothorum florentissima gens post multiplices in orbe victorias certatim rapuit et amavit, fruiturque hactenus inter regias infulas et oves largas, imperii felicitate secura.
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ODA A ESPAÑA
1. Eres, oh España, la más hermosa de todas las tierras que se extienden del Occidente a la India; tierra bendita y siempre feliz en tus príncipes, madre de muchos pueblos. Eres con pleno derecho la reina de todas las provincias, pues de ti reciben luz el Oriente y el Occidente. Tú, honra y prez de todo el Orbe; tú, la porción más ilustre del globo. En tu suelo campea alegre y florece con exuberancia la fecundidad gloriosa del pueblo godo.
2. La pródiga naturaleza te ha dotado de toda clase de frutos. Eres rica en vacas, llena de fuerza, alegre en mieses. Te vistes con espigas, recibes sombra de olivos, te ciñes con vides. Eres florida en tus campos, frondosa en tus montes, llena de pesca en tus playas. No hay en el mundo región mejor situada que tú; ni te tuesta de ardor el sol estivo, ni llega a aterirte el rigor del invierno, sino que, circundada por ambiente templado, eres con blandos céfiros regalada. Cuanto hay, pues, de fecundo en los campos, de precioso en los metales, de hermoso y útil en los animales, lo produces tú. Tus ríos no van en zaga a los más famosos del orbe habitado.
3. Ni Alfeo iguala tus caballos, ni Clitumno tus boyadas; aunque el sagrado Alfeo, coronado de olímpicas palmas, dirija por los espacios sus veloces cuadrigas, y aunque Clitumno inmolara antiguamente en víctima capitolina, ingentes becerros. No ambicionas los espesos bosques de Etruria, ni admiras los plantíos de palmas de Holorco, ni envidias los carros alados, confiada en tus corceles. Eres fecunda por tus ríos; y graciosamente amarilla por tus torrentes auríferos, fuente de hermosa raza caballar. Tus vellones purpúreos dejan ruborizados a los de Tiro. En el interior de tus montes fulgura la piedra brillante, de jaspe y mármol, émula de los vivos colores del sol vecino.
4. Eres, pues, Oh, España, rica de hombres y de piedras preciosas y púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos. Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor, se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haberte alcanzado, te arrebató y te armó, y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas.
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COMENTARIO
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Resulta evidente en la lectura de este texto, que el término "Hispania" se utiliza en él para designar única y exclusivamente un determinado territorio (lo que hoy llamamos "Península Ibérica", que fue denominado Hispania por los romanos e Iberia por los griegos). Es un concepto de, digamos, mera "geografía física", más que de "geografía política". El único término con el que Isidoro se refiere a Hispania que podría tener alguna connotación política es el concepto de provincia ("reina de todas las provincias", o sea, algo así como "la provincia más excelsa"; es decir, desde el punto de vista político, Isidoro sigue considerando mentalmente a Hispania como una parte del Imperio Romano -o, más bien, del mundo romano, esto es, de lo que él entendía como "la civilización"). Es cierto que por entonces el territorio de Hispania coincidía en gran parte (pero no aún del todo) con el reino visigodo, y que este se había "independizado" de facto de los gobiernos de Roma (trasladado después éste en su "legitimidad" a Constantinopla, que de hecho controlaba en aquellas fechas la costa sureste de Hispania, de Málaga a Cartagena), pero en la mente de un erudito del año 600, Hispania seguía siendo, a lo más, "una provincia".
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Pero, ¿no podría ser el pueblo que habita ese territorio la verdadera "encarnación" de Hispania, entendida como una nación, y no solo como un suelo con sus recursos naturales (que es lo que básicamente alaba Isidoro, pues incluso cuando hace referencia al "factor humano", no habla tanto de "los habitantes de Hispania en general", cuanto de los "príncipes" y "gobernadores"; en latín, "alumni" y "rectoribus"... ojo, no solo gente que ha gobernado en Hispania, sino también de otros que han gobernado todo el mundo romano, p.ej., Trajano, Adriano o Teodosio)? La mejor prueba de que no es en "la nación española" (o "hispana") en lo que está pensando Isidoro al redactar esto, es que el único término de los que usa, que podríamos considerar análogo a nuestra idea de "nación" (o "pueblo"), lo utiliza en plural: "madre de muchos pueblos" (gentiumque mater). La traducción más literal de "gens" sería "linaje" (como en "la gens Julia" o "la gens Claudia"), es decir, un grupo de personas con antepasados comunes; se puede traducir como "pueblo" para referirse a unidades más grandes, que se supone que también están más unidos entre sí por parentesco que con los otros "pueblos". ¿Qué ejemplos podría estar incluyendo Isidoro entre esos "muchos pueblos" de los que nos habla? Un ejemplo sería claramente el "pueblo" visigodo, una minoría pequeña demográficamente (unos 300.000 en una población de unos 6 millones), pero dominante políticamente, y que, por supuesto, tenían en general antepasados diferentes a los demás habitantes de Hispania (de hecho, hasta más o menos esa época tenían prohibido casarse con hispanos), si bien es un poco forzado considerar a Hispania como la "madre" de un pueblo que procedía de Europa Oriental... Pero, al fin y al cabo, los visigodos llevaban rigiendo Hispania (y naciendo en ella) cerca de dos siglos por entonces. Otros "pueblos" serían los que se habían encontrado los romanos y los cartagineses en sus conquistas, entre 900 y 600 años atrás: celtíberos, turdetanos, lusitanos, ilergetes, astures, vascones, etc. Aunque seguramente Isidoro pensaba más bien en las poblaciones que eran sus contemporáneas (algo así como "las gentes de Híspalis", "las gentes de Emérita", "las gentes de Toletum"...).
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En resumen, el concepto de "Hispania" que utiliza Isidoro en su (hoy tan a menudo malinterpretado) texto es exactamente, y en el fondo, el mismo concepto que los escritores romanos habían asociado al término Hispania desde que empezaron a utilizarlo casi un milenio antes. Ninguna diferencia hay en lo que tiene en mente Isidoro al decir "Hispania" con lo que podían tener en mente Julio César o Tito Livio. La idea de "la nación española", como una unidad ¿cultural, demográfica? que formaría la base legítima del "estado español" (o algo así), estaba aún cerca de un milenio en el futuro.

viernes, 19 de octubre de 2018

La importancia de la Filosofía (entrevista en "24 Horas", RNE)

Os paso el enlace a mi intervención en la tertulia del informativo "24 horas" de RNE el pasado 18 de octubre de 2018, con motivo de la reciente decisión parlamentaria de solicitar la vuelta a la obligatoriedad de las materias de Ética en 4º de ESO y de Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato. .

miércoles, 25 de julio de 2018

"Errar es de ángeles", mi nueva novela, finalista del premio Fernando Lara 2018


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Os dejo el anuncio de mi nueva novela, Errar es de ángeles, que ha sido elegida finalista del premio de novela Fernando Lara 2018 (Grupo Planeta), fallado el pasado 4 de mayo.
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De la descripción del libro en Amazon:

*****RESUMEN*****: En un hospital penitenciario de los Estados Unidos, un enigmático prisionero recibe la visita de una psiquiatra del Pentágono. ¿Qué misterios guarda el agente portorriqueño Raphael Hernandez sobre su última y fallida misión, en la que, primero en Viena y después en Madrid, se infiltró en una extraña secta islámica relacionada con los Testigos de Jehová? Las entrevistas de la doctora Barberini y el agente Hernandez van mezclándose con dos historias que transcurren alrededor del desaparecido teatro romano en la antigua Híspalis. Allí, a finales del siglo III,  asistiremos al martirio de dos cristianas adolescentes (Justa y Rufina), y, tres siglos y medio más tarde, en plena época de los visigodos, a las andanzas de un joven esclavo, Reparato, y de la hija de su amo hebreo, Rebeca. Personajes históricos, como el erudito Isidoro de Sevilla y el futuro rey Sisebuto, se mezclan con entrañables personajes de ficción, en una aventura fascinante que les conducirá mucho más al norte, hasta la ciudad de Recópolis. Un equipo formado por tres ángeles, con una transcendental misión en la Tierra, se encargará de ir enlazando poco a poco estas tres diferentes tramas, cuya resolución te empujará de sorpresa en sorpresa hasta un futuro muy, muy lejano, dentro de seis milenios, cuando la península Ibérica ha quedado completamente despoblada y una expedición científica debe viajar hasta ella para recuperar un viejo símbolo de los sacerdotes arrianos. 
*****LA OBRA*****: Una de las historias más originales, entretenidas e irreverentes de los últimos tiempos. Una espléndida sátira sobre las religiones “reveladas”, en la tradición de "El nombre de la rosa" y "La vida de Brian". Una trama laberíntica, compleja pero a la vez tan absorbente como sencilla de seguir, que juega con la complicidad de los lectores sin burlarse de su inteligencia. Una refrescante narración difícil de clasificar, en la que no encontrarás personajes y escenas estereotipados, y que escapa con gran ingenio de todos los tópicos. Una novela para leer y para releer; incluso como si se tratara de una trilogía formada por tres novelas independientes, o en casi cualquier otro orden posible. Una experiencia literaria de más de 700 páginas, que permanecerá por siempre en tu recuerdo. Una mezcla de géneros destinada a convertirse en todo un clásico. *****EL AUTOR*****: Jesús Zamora Bonilla (Madrid, 1963) es profesor de Filosofía en la UNED. En sus libros, tanto en sus novelas como en sus ensayos, se suelen combinar la reflexión y el entretenimiento. Entre sus obras más recientes destaca el ensayo "Sacando consecuencias: una filosofía para el siglo XXI" (Tecnos), cada uno de cuyos capítulos va precedido por un relato lleno de ironía, y la novela "Regalo de Reyes" (Booket-Planeta), de la que "Errar es de ángeles" podría considerarse una secuela, si no fuera porque no hay prácticamente ninguna relación entre las tramas de ambas novelas, salvo una muy pequeñita que las lectoras y lectores atentos sin duda apreciarán.
***** OBRA FINALISTA DEL PREMIO DE NOVELA FERNANDO LARA 2018
***** Una obra maestra de arquitectura narrativa
***** Una extraordinaria mezcla de géneros: aventura, histórico, ciencia-ficción
***** Una experiencia literaria difícil de igualar.
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Reseña en "El marcapáginas" (Biblioteca UNED).
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Reseña en Filosofía&Co.
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viernes, 15 de junio de 2018

domingo, 19 de noviembre de 2017

Lo malo de morirse

Lo malo de morirse -aparte, por supuesto, del dolor de los familiares, que es lo más importante, y del sufrimiento previo que casi todas las muertes suelen conllevar- es no enterarse de nada de lo que va a ocurrir después. Esto no hay dios que lo remedie, así que se me ha ocurrido algo para, cuando menos, mitigar la rabia que me da esa ignorancia.
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Es un proyecto a larguísimo plazo, y como tal, de muy incierto cumplimiento, pero no por ello me voy a echar para atrás. ¿Quién dijo miedo? El juego durará, como mucho, lo que dure la tecnología que lo soporte, salvo que alguna persona solidaria lo renueve del modo que entonces sea oportuno: vayan mis más profundos agradecimientos hacia ella desde este humilde diecinueve de noviembre de 2017.
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Se trata simplemente de que en los comentarios a esta entrada del blog alguien me cuente, cada veinticinco años, las principales novedades que hayan ocurrido en el cuarto de siglo anterior. Puede hacerlo cualquiera; esto es, cualquier persona que se encuentre con el blog y decida contármelo. ¿Por qué cada veinticinco años? Solo porque es una fracción entera de un siglo, lo bastante larga como para que hayan ocurrido algunos cambios sustanciales en los asuntos que más me interesan (o que los futuros colaboradores piensen que me habrían interesado), pero no tan larga como para hacer casi imposible la continuidad de esa imaginaria comunidad de colaboradores.
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Los temas que me atraen, ya sabéis que son de lo más variopinto: qué novedades han ocurrido en la política, en la ciencia, en la filosofía, en la investigación histórica, arqueológica y filológica, en qué se diferencia el cine, la literatura, la música o las artes en general con respecto a lo que se apuntó en ocasiones anteriores, qué desarrollos tecnológicos han cambiado más la sociedad, cómo va la salud del medioambiente, qué hay de la exploración espacial, etc., etc.
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Me consta que un problema técnico difícil (aunque no más que el mantener una cadena de personas que se encargue de esto, o el de la obsolescencia de los soportes informáticos necesarios para el proyecto) es, naturalmente, el que se deriva de que a día de hoy, por suerte, no sabemos aún la fecha en la que moriré. Ahora me falta poco para cumplir los 54, así que, si fijamos esta fecha como inicio del proyecto, tengo razonables esperanzas de ser yo mismo quien escriba algunos de los comentarios dentro de 25 años, el 19 de noviembre de 2042. Confío en que alguien pueda empezar a llevar la cuenta en el momento en que llegue el día.
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Saludos a todos y a todas desde un pasado que ojalá no echéis demasiado de menos.

domingo, 8 de octubre de 2017

Algunos pensamientos sobre el problema catalán

1. En los estados democráticos, no existe el derecho de un territorio (o de la sociedad que lo habita) a separarse del estado al que pertenece. Existe, como máximo, el derecho del estado a conceder a uno de sus territorios el derecho a decidir si quiere separarse. Las constituciones de muchos estados democráticos no reconocen al propio estado ese derecho, aunque en general podrían ser enmendadas o reformadas para reconocerlo. Pero, insisto, en ningún caso hay algo así en la legislación internacional como "el derecho de un territorio a separarse unilateralmente del estado (democrático) al que pertenece". Proclamas como la reciente de Artur Mas, diciendo que "nos hemos ganado el derecho a ser independientes", sólo tienen contenido emocional para quien quiera compartir esas emociones, o para quien pueda encontrar en ellas a un aliado en sus propias batallitas mentales, pero carecen absolutamente de la más mínima validez ni fundamentación jurídica.
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2. Plantear la lucha de los secesionistas catalanes por la independencia como un ejemplo o continuación de pasadas o no tan pasadas "luchas por la libertad" (la liberación de las colonias, de los esclavos, de las mujeres, de las ex-repúblicas soviéticas, de los judíos, de los palestinos, de los homosexuales, etc.) es, en el mejor de los casos, un chiste de mal gusto. Ver en la sociedad catalana de hoy en día a un "pueblo oprimido" solo es posible desde una mentalidad absolutamente alejada de cualquier principio de realismo. No solo comparten los catalanes los mismos derechos civiles y políticos que cualquier habitante de cualquier región de cualquier país de la Unión Europea o de otros estados, sino que gozan de una cuota de autogobierno muy superior a la de la inmensa mayoría de las regiones de esos estados; tanto, que si Cataluña fuese ahora, por ejemplo, un departamento de Francia, el movimiento independentista se daría con un canto en los dientes por conseguir que el estado francés les concediera una cuarta parte de la autonomía que tienen en España. El control del gobierno autonómico catalán sobre todo aquello que tiene que ver con la "defensa de la identidad catalana" lleva siendo casi absoluto desde las primeras elecciones autonómicas hace ya casi cuatro décadas. El secesionismo es, además, claramente predominante entre las clases sociales más privilegiadas de Cataluña, las que no han tenido ningún problema en disponer de recursos públicos y privados para organizar su vida y la de la sociedad como les ha parecido mejor. Si gente como los Pujol, los Sala-i-Martín o los Llach representan a un grupo social "oprimido", yo soy Cleopatra y Marco Antonio juntos.
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3. A pesar de lo dicho en los puntos 1 y 2, es posible y deseable, por supuesto, una salida dialogada a la situación de tensión provocada por los recientes desafíos de los secesionistas. Pero tiene que estar meridianamente claro que "salida dialogada" no tiene por qué significar "una forma consensuada con el estado de organizar un referéndum de autodeterminación" (aunque, por poder, eso podría estar entre los posibles acuerdos; sólo digo que no hay que asumir que necesariamente tendría que estarlo). El diálogo también tendría que poder servir para que los dirigentes secesionistas se vean incentivados a encontrar fórmulas mediante las que rebajar la tensión social que han alimentado y de la que se han aprovechado políticamente en los últimos años. También deberían asumir que la "negociación" podría incluir, no la cesión de aún más autonomía, sino quizá la devolución de algunas competencias al estado central, o la reorganización consensuada con el estado de algunos aspectos del ordenamiento jurídico catalán. O, lo que sería más razonable, un intercambio de "gestos" en ambas direcciones. En especial, el estado debería exigir que los elementos de autogobierno que se conceden a Cataluña no sean deslealmente utilizados en el futuro para seguir alimentando la fiebre independentista.
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4. En particular, el estado debería hacer valer el hecho de que una Cataluña independiente con más o menos la mitad de su población contraria a esa independencia se enfrentaría a un problema interno muchísimo más grave que lo grave que puede ser para España la existencia de una ligera mayoría independentista en Cataluña. En el hipotético caso de que se llegase a negociar la celebración de un referéndum de autodeterminación, ni las preguntas a formular, ni las condiciones en las que el resultado del referéndum legitimase la independencia, habría que dejar que las decidieran unilateralmente los secesionistas. Por ejemplo, para que el resultado fuese válido se debería establecer una participación mínima muy alta (no menor de tres cuartos del censo), una mayoría reforzada para cambiar el statu quo (sutancialmente mayor  que un mero 50% de votos favorables a la independencia; cuánto de mayor, ya se vería), y la posibilidad de que territorios catalanes claramente contrarios a la independencia pudieran seguir formando parte del estado español.
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5. Y a todo esto, un aplauso desde aquí a Josep Borrell. Qué gran presidente del gobierno perdimos la ocasión de tener por la cortedad de miras de tanta gente de su partido.

miércoles, 24 de mayo de 2017

ALÉTHEIA: La historia de la verdad

Hace más o menos cinco mil años, o sea, cuando faltaba tanto tiempo para que naciera el filósofo Parménides como tiempo ha pasado desde entonces, vivían los "griegos" como un pueblo de pastores al norte de la cordillera de los Balcanes. No sólo no se les pasaba por la cabeza que algún día sus descendientes darían origen a una maravillosa civilización en las costas del mar Egeo, sino que ni siquiera habían oído hablar de las tierras que luego se llamarían la Hélade. Agamenón, Ulises, Herodoto, Aristóteles, Arquímedes, Cleopatra, Luciano e Hipatia no eran ni tan siquiera un sueño.
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La historia que voy a contaros es la de un chaval, Protómaco, que vivía en una de aquellas aldeas montañosas cuidando un rebaño de cabras. La verdad es que Protómaco pasaba gran parte del tiempo lejos de la aldea, en un pequeño valle donde dejaba ramonear a sus cabras todo el día, antes de encerrarlas en un redil de piedras e irse a descansar él mismo en una diminuta y basta choza, cuya entrada cubría una cortina de lana, deslucida y raída, pero que proporcionaba la suficiente intimidad para que nadie pudiese ver desde el exterior las prácticas a las que el hiperhormonado adolescente sometía cada dos por tres a alguna de sus cabras.
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Un día, el viejo Tiresias, el cotilla oficial de la tribu, andaba deambulando por las montañas, meditando en sus cosas, o sea, en las de todos y cada uno de los habitantes de la aldea y de las cuatro o cinco aldeas más próximas, cuando escuchó un balido un poco extraño procedente de la cabaña de Protómaco. Pensando que quizá el chico necesitase ayuda para asistir al parto de un cabritillo, o algo así, Tiresias se llegó a la cabaña, descubrió la cortina, y se encontró al chaval con la túnica levantada y en muy comprometida posición tras la grupa de una preciosa y nívea cabrita, que lanzaba de vez en cuando alguno de aquellos extraños balidos que habían llamado la atención del anciano.
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Tiresias volvió a cerrar la cortina sin tiempo para que Protómaco le explicase nada y salió pitando de allí. El chico, abochornado, tardó unos cuantos días en atreverse a volver a bajar a la aldea, pero cuando lo hizo, comprobó que allí no se hablaba de otra cosa que de su aventura caprina. Quíone, su madre, fue lo primero a lo que se refirió en cuanto lo encontró, bromeando con unos cuantos amigotes en el ágora del poblado:
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-¿Es verdad lo que va contando Tiresias por ahí? ¿Es verdad que te ha descubierto? -le preguntó sin disimular ni un ápice su enfado.
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Lo de "¿es verdad?" lo dijo como lo decían los griegos de entonces: "¿ésti órthos?", o sea, digamos, algo así como "es recto", o "es correcto". Una expresión, "órthos", emparentada con la palabra "rásti" (que también significa "recto") que se usa para decir "verdad" en algunas lenguas iranias, tan indoeuropeas como el griego.
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La respuesta de Protómaco, envalentonado por la presencia de sus amigotes, a los que la historia de las cabras no dejaba de darles un puntito de envidia, causó gran hilaridad entre la muchachada.
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-No es verdad, es descubierto -contestó, e intentando hacerse oír sobre las risas de sus amigos, que con aquella aclaración se reían aún más, continuó-: Tiresias descubrió lo que descubrió al retirar la cortina que me cubría. Eso dice él, pero a saber lo que vio.
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"Descubierto" era, en la lengua de aquellos proto-griegos, "alethés" (de "léthein", o sea, "cubrir"). En fin, la cosa no pasó de ahí, aunque a Quíone no le hizo ninguna gracia la broma de su hijo y se encargó de manifestar su mal humor durante mucho tiempo, cada vez que lo volvía a ver. La única consecuencia importante que tuvo aquella anécdota fue un minúsculo cambio en la forma de hablar de los amigotes de Protómaco. Cada vez que tenían que emplear la palabra "verdadero" o "verdad", en vez del "órthos" de toda la vida, decían "alethés", y se partían de risa, imaginándose a Tiresias descorriendo la cortina y encontrando al otro lado la escena del chico y la cabra.
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Tanto fue el éxito de aquella broma, que al cabo de unos años casi nadie en la aldea utilizaba la expresión "órthos" para decir que algo es verdadero (aunque seguían haciéndolo para indicar que algo, como una rama o un camino, era recto). Las risas que acompañaban al uso de la nueva expresión fueron haciéndose cada vez menos intensas, y al final los amigos de Protómaco, en su vejez, únicamente sonreían un poco al decirla, o guiñaban un ojo. Los hijos y los nietos de estos ancianos, a los que nunca nadie les había contado por qué para decir que lo que alguien estaba contando era verdad se decía que era "alethés", y a para decir que uno tiene que contar la verdad se decía la "alethéia", esos nuevos griegos simplemente adoptaron el uso de la expresión sin cuestionárselo, aunque un poco extrañados porque sus mayores pusieran esa cara de misterio al usarlo. Aquello contribuyó a que los descendientes de Protómaco y sus amigos considerasen la verdad (o sea, la "alethéia") como algo todavía más importante que como la consideraban antes del episodio erótico-caprino.
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¿Y qué pasó con nuestro amigo el joven zoófilo? Lo cierto (lo "alethés") es que le costó encontrar pareja (quiero decir, pareja humana), pues las chicas de la aldea se lo pensaban mucho antes de dejar que aquel miembro viril acostrumbrado a otro tipo de orificios penetrase en los suyos, pero al final la tentación de los rebaños de Protómaco fue un argumento insuperable para que alguna familia decidiera unirse a la del chico, y formó un matrimonio feliz que tuvo muchos hijos, a los que, en honor de la fuente de riqueza de aquel clan, terminaron llamando "los Corintios", o sea, "los de las cabras", pues "koré" es como llamaban los griegos a aquella especie de artiodácticos.