martes, 24 de marzo de 2015

Cuando me aburro, a veces

Cuando me aburro, a veces
recito de memoria algún poema,
siempre los mismos,
tampoco me sé tantos
-Quevedo, Lope, Góngora,
Garcilaso, Machado,
y para de contar-.
Es divertido porque puedes
hacerlo mentalmente, en la cola del súper, por ejemplo.
.
Si voy en coche conduciendo solo
a veces también canto,
una y otra vez las mismas canciones,
con pocas variaciones,
casi me da vergüenza decir cuáles
-Sabina, Nat King Cole,
Serrat, Los Panchos,
Carlos Gardel, María
Dolores Pradera, Machín, y para de contar;
bueno, sí, de vez en cuando un poco de zarzuela-.
También a veces en la ducha canto
si no hay nadie en mi casa,
y también cuando paso
el suelo con el aspirador; ya veis, para cantar yo necesito el ruido.
Últimamente me he descubierto muchas veces
cantando al Dúo Dinámico (sólo Resistiré, no penséis mal).
.
Pero lo que más he hecho desde siempre,
a menudo sin ni siquiera darme cuenta,
es silbar, y silbar se me da
bastante bien, no creas
-música clásica la mayor parte de las veces, claro:
Mozart, Beethoven, Schubert,
mucho, mucho Tchaikovsky,
con Bach ya casi no me atrevo,
y a Vivaldi lo tengo abandonado
aunque fue compañero muchas horas-.
.
Y pienso, a veces, dentro de cien años,
o doscientos, o mil,
¿qué poesías recitará la gente sin decirlas
cuando se aburra,
qué cantará, qué silbará? ¿A los melendis de la edad futura?
¿Algún poeta de mis contemporáneos
tendrá una vida efímera en la cola de un súper de dentro de tres siglos,
como hace pocos días tuvo Machado en donde yo compraba?

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